Categoría: Ciencia e Investigacion

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Escherichia coli O157:H7, una bacteria que causa enfermedad transmitida por los alimentos en los seres humanos, tiene mayor probabilidad de contaminar la lechuga cuando un hongo velloso (downy mildew) ya está presente, según científicos del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA). El hongo belloso, una enfermedad de la lechuga causada por el hongo parecido al agua Bremia lactucae, es uno de los mayores problemas al que deben hacer frente los productores de lechuga.

Pero la Microbióloga Maria Brandl, con el Servicio de Investigación Agrícola (USDA ARS) de la Unidad de Investigación de Microbiología e Inocuidad de Productos Agrícolas en Albany, California, ha estado investigando por qué tantos brotes de E. coli O157:H7 pueden ser rastreados a los campos de lechuga; cuando las fuentes de E. coli O157:H7 son tan diversas como la carne de vaca mal cocida, las coles, los productos lácteos crudos, nueces sin cáscara, frutas y verduras. La ARS es la agencia principal de investigaciones del USDA.

En realidad, las hojas de lechuga son un sitio difícil de supervivencia para los mircroorganismos, sin embargo, la evidencia epidemiológica es indiscutible sobre la frecuencia con la que la lechuga es fuente de E. coli O157:H7. En una investigación anterior, Brandl encontró que E. coli O157:H7 preferió las las hojas más jovenes, cortadas y lastimadas en vez de las no dañadas y más viejas. Entonces, ella colaboró ​​con el genetista del ARS y el cultivador de lechugas Ivan Simko de la Unidad de Investigación de Protección y Mejoramiento de Cultivos en Salinas, California.

Ellos encontraron que bajo condiciones de temperatura cálida y sobre las hojas húmedas, E. coli O157:H7 se multiplica 1.000 veces más en las lesiones donde hay presencia de hongo velloso que sobre el tejido las hojas sanas de lechuga. Incluso en las hojas de lechuga secas, donde la mayoría de las bacterias luchan por sobrevivir, E. coli O157:H7 persistió en mayor número cuando la enfermedad del hongo velloso estaba presente.

Los investigadores también encontraron que E. coli O157:H7 no creció así en lesiones de hongo velloso en la línea de la lechuga RH08-0464, cultivada por Simko y un colega para que sea menos susceptible a la enfermedad de la lechuga, así como lo hicieron en Triple Threat, una variedad comercial que es altamente susceptible al hongo velloso.

Los factores exactos que provocaron un menor crecimiento de E. coli O157:H7 en la línea más resistente necesitan ser exploradas cuidadosamente todavía. Pero si un obstáculo genético para la colonización de E. coli O157:H7 pudiera ser cultivado en variedades de lechuga comerciales junto con la resistencia al hongo velloso, esto añadiría una nueva línea defensiva a la contaminación de la lechuga, ayudando a los agricultores a mejorar la inocuidad microbiana de su cosecha; así como controlar su problema número uno de enfermedades de plantas.

Fuente e informe completo (USDA): E. coli Gets a Boost from Lettuce Disease

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Este estudio investigó la inocuidad microbiológica de hierbas frescas listas para consumo, precortadas y pre-envasados, y ensalada de hojas disponibles en venta al por menor en Irlanda. Más de 1.000 muestras fueron analizadas para detectar la presencia de Salmonella y enumeradas para Listeria monocytogenes. Se detectó Salmonella en sólo el 0,1% (1/1.005) de las muestras; se trataba de una bolsa de hojas de rúcula cultivadas en Italia del que se aisló S. napoliL. monocytogenes estaba por debajo del límite de la enumeración (menor a 10 ufc/g) para 99,8% (998/1.000) de las muestras y a 10 ufc/g para las dos muestras restantes, todas bien por debajo del límite legal máximo de 100 ufc/g.

Algunas muestras fueron analizadas para detectar la presencia de E. coli verotoxigénica (VTEC). En total, 0/247 muestras analizadas utilizando el método CEN/ISO TS 13136 (que se dirige a los principales genes de virulencia VTEC stx y eae) fueron positivas. Además, 0/397 muestras analizadas específicamente para E. coli O26 fueron positivas y aunque 1/403 muestras analizadas específicamente para la presencia de E. coli O157 fue positiva, el aislado no contenía los genes necesarios para producir verotoxina y por lo tanto, no fue de importancia clínica.

Este estudio se llevó a cabo entre Junio y Octubre, los meses en que los productos agrícolas irlandeses eran más probablemente vendidos. Estos productos de origen irlandés conformaron un 62% de las muestras analizadas en este estudio. Los productores etiquetan las hierbas frescas y hojas de ensalada con una amplia gama de instrucciones de almacenamiento, particularmente en relación con la temperatura de almacenamiento refrigerado. Las temperaturas máximas de almacenamiento tan bajas como 3°C fueron las recomendadas por algunos productores; sin embargo, la temperatura nacional recomendado para almacenamiento refrigerado es 0-5°C. Los operadores de empresas de alimentos que empapaqen hierbas frescas listas para el consumo, pre-cortadas y hojas de ensalada, también deben ser conscientes de que la temperatura en refrigeradores domésticos es generalmente mayor que a nivel minorista y mayorista.

En total, el 87% de las muestras se almacenaron o exhibieron en condiciones de refrigeración en el momento que se tomó la muestra. La temperatura del aire de la unidad de refrigeración para la mayoría (77%) de estas muestras fue menor o igual a 5°C. Sin embargo, la temperatura del aire de la unidad de refrigeración para el 23% de las muestras refrigeradas fue mayor a 5°C. De hecho, se midió una temperatura del aire de 7.1°C para la unidad de refrigeración en la que se guardó la bolsa de hojas de rúcula Salmonella-positivo. Esta temperatura podría permitir que el número de Salmonella, en el producto ya contaminado, aumenten sí la vida útil es suficientemente larga. Los operadores de empresas de alimentos deberán garantizar que las unidades de refrigeración no exceden la máxima temperatura de refrigerado de 5°C.

La bolsa de rúcula en la que se detectó Salmonella se marcó como “ya se ha lavado”. El lavado (con o sin la presencia de desinfectantes) no pudo eliminar los agentes patógenos en los productos agrícolas frescos. Por lo tanto, los productores deben tomar todas las medidas razonables para controlar los posibles puntos de contaminación en el campo, durante la recolección, procesamiento y distribución; por ejemplo, utilizando guías de buenas prácticas, tales como el Código de Prácticas para la Inocuidad Alimentaria en la Cadena de Suministros de los Productos Agrícolas Frescos (FSAI, 2001a), de la Autoridad de Inocuidad Alimentaria de Irlanda (FSAI). Además, los operadores de empresas alimentarias deben asegurarse de que sus registros de trazabilidad para las hierbas frescas y hojas de ensalada sean robustos, ya que esto facilitará rápidas medidas de control que se ejecutarán si se detecta un patógeno en un lote de hierbas frescas o ensalada de hojas, o sí están implicadas en un brote de enfermedad. La FSAI ha producido Nota de orientación No.10 en Recall de Producto y Trazabilidad (FSAI, 2013)..

Fuente e informe completo: Food Safety of Ireland

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Un nuevo estudio con más de 300 mujeres sugiere que la exposición a ciertos ftalatos – sustancias de uso común en el envasado de alimentos, cuidado personal y otros productos de uso diario – podría estar asociado con aborto involuntario, sobre todo entre la 5 y 13 semanas de embarazo. La investigación, que aparece en la revista ACS Environmental Science & Technology, es el primer estudio epidemiológico sobre la exposición no relacionada con el trabajo a los ftalatos, que busca proporcionar evidencia de la posible relación entre la población general.

Debido a la preocupación sobre los posibles efectos en la salud de los ftalatos, los EE.UU. han prohibido el uso de seis de estas sustancias en determinados productos hechos para los niños pequeños. Pero muchos están todavía incluidos como ingredientes en pinturas, tubos médicos, pisos de vinilo, jabones, champús y otros artículos. La investigación sobre los ftalatos ha demostrado que la exposición a largo plazo a bajos niveles de algunos de estos compuestos daña la salud de animales de laboratorio y puede aumentar su riesgo de pérdida del embarazo. Además, al menos un estudio encontró que las trabajadoras de una fábrica expuestas a altos niveles de ftalatos a través de su trabajo estaban en un mayor riesgo de aborto involuntario. Pero hay poca evidencia epidemiológica de los efectos de los ftalatos sobre el embarazo en mujeres con exposición no ocupacional. En esta invetigación, Jianying Hu, Huan Shen y sus colegas querían saber si podría haber una relación.

Los investigadores analizaron muestras de orina de 132 mujeres que tuvieron abortos involuntarios y 172 mujeres embarazadas sanas en China. Ellos encontraron que la pérdida del embarazo estaba asociada con niveles más altos de metabolitos de ftalatos urinarios; ftalato de dietilo (DEP), ftalato de di-isobutilo (DiBP) y di-n-butil ftalato (DNBP). Aunque esto no prueba que los ftalatos causan la pérdida del embarazo, el estudio sugiere que existe una asociación que los investigadores dicen que debe ser estudiada más a profundida.

Fuente: American Chemical Society (ACS)

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La exposición a largo plazo al clorato en los alimentos, en particular en el agua potable, es un potencial problema de salud para los niños, especialmente aquellos con deficiencia leve o moderada de yodo. Sin embargo, el consumo total en un solo día, incluso en los niveles más altos estimados, es poco probable que supere el nivel de seguridad recomendada para los consumidores de todas las edades. Estas son las principales conclusiones de la opinión científica de la EFSA sobre los riesgos crónicos y agudos para la salud pública de la exposición dietaria al clorato (incluida el agua potable).

El Clorato puede estar presente en los alimentos, resultante de la utilización de agua clorada para el procesamiento de alimentos y la desinfección de equipos de procesamiento de alimentos. Los grupos de alimentos más afectadas son las frutas y verduras. A menudo las variedades congeladas representan los más altos niveles de clorato dentro de cada grupo de alimentos. Esto probablemente depende de la cantidad de clorato en agua clorada utilizada para el procesamiento de alimentos. Sin embargo, el agua potable, es la principal fuente de clorato en la dieta, contribuyendo posiblemente hasta un 60% de la exposición crónica al clorato para los niños.

La exposición crónica – con el tiempo, al clorato, puede inhibir la absorción de yodo. La EFSA ha establecido una ingesta diaria tolerable (IDT) de 3 microgramos por kg (µg/kg) de peso corporal por día para una exposición a largo plazo al clorato en los alimentos. Las estimaciones más altas de la EFSA a la exposición crónica para los lactantes, niños pequeños y otros niños (hasta 10 años de edad) se dan sobre el IDT, lo que indica una preocupación para todos los niños con deficiencia leve o moderada de yodo.

La exposición aguda – un alto consumo de clorato en un solo día podría ser tóxico para los seres humanos, ya que puede limitar la capacidad de la sangre para absorber el oxígeno, lo que lleva a una insuficiencia renal. La EFSA también ha, por lo tanto, establecido un nivel de ingesta segura recomendada para una ingesta diaria (llamada la “dosis aguda de referencia”) para el clorato de 36 vg/kg de peso corporal por día. Las estimaciones más altas de la exposición alimentaria aguda para todo público estaban por debajo de esta ingesta segura.

Además, la Comisión Europea requirió a la EFSA considerar el impacto en la exposición alimentaria aplicando el nivel de orientación de la OMS para el clorato en agua potable, 0,7 miligramos por kilogramo (mg/kg), a todos los alimentos regulados por la legislación de la UE. Si 0,7 mg/kg fueron utilizados como el nivel máximo en los alimentos para la evaluación de la exposición alimentaria al clorato (es decir, excluyendo los alimentos y el agua potable que contiene clorato encima de este nivel), las exposiciones se reducirían sólo ligeramente y, en consecuencia, esto no afectaría el riesgo potencial. Bajo el escenario poco probable que los niveles de clorato en todos los alimentos y el agua potable fueran igual a 0,7 mg/kg, sin embargo, la exposición alimentaria sería sustancialmente por encima de los niveles actuales.

Hubo varias limitaciones en los datos disponibles para este trabajo, al menos en parte debido al tiempo limitado permitido para la evaluación. En consecuencia, los expertos de la EFSA concluyeron que el impacto de estas incertidumbres científicas sobre la evaluación del riesgo es grande. Se solicitó el asesoramiento científico de la EFSA para apoyar a los tomadores de decisiones en la Comisión y a los Estados miembros que están reexaminando las medidas existentes para limitar la exposición de los consumidores al clorato en los alimentos. Al considerar los esfuerzos para reducir los residuos de clorato en los alimentos, además de los aspectos toxicológicos de estos residuos, el impacto en la inocuidad microbiológica de los alimentos también debe ser tenido en cuenta. Sin embargo, la EFSA no, evaluó estos aspectos como parte de esta evaluación de riesgos.

Ver más información en la págna oficial de la EFSA: Scientific opinion on risks for public health related to the presence of chlorate in food